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Capítulo IX: Clara Campoamor y su ardua lucha
Mi padre fue uno de aquellos niños de la guerra. Huérfano desde su más tierna infancia. A su madre nunca la conoció, pues murió en el mismo momento del parto. De su padre jamás supo su identidad. Criado por sus abuelos, junto a su hermana gemela Clara, a la que inmensamente idolatraba. Mi bisabuela me contaba, que su hija eligió el nombre de Clara en honor a Clara Campoamor, con la que se sentía plenamente identificada.
Capítulo VIII: Un 70% de fracaso escolar
Recogí la mesa. Tornando Libertad a su sillón y sus libros. Cual espíritu errante se volvió a sumergir en sus más profundos recuerdos. Cerré la puerta y la dejé allí. Ya en la calle me topé con Benito, el director del “Instituto de Educación Secundaria Manuel Bartolomé Cossío”. De pie ante la entrada del centro educativo, limpiaba la placa que presidía la institución y en la que se podía leer: “Debes afirmar la verdad sólo porque y en cuanto la conoces, no porque otro la conozca: sin el propio examen no debes afirmar ni negar cosa alguna”. Buenos días le dije, a lo que me respondió contrariado: “serán para ti”. Iniciando el sempiterno docente un encendido alegato.
Capítulo VII: Sorolla regresa con honores a Valencia
Toqué, pero nadie me abrió. Empujé la puerta y la vi en el salón. Tendida en el sillón, con la cabeza recostada. Un libro tirado en el suelo. Seguramente a media noche el sueño de ella se apoderó y allí se quedó. En aquel preciso instante se despertó. Frente a ella, colgado sobre la chimenea el cuadro que la inspiraba, y del que sacaba fuerzas para proseguir en su ardua lucha: “Sol de la Tarde”. Pintado por Joaquín Sorolla y Bastida en 1903. Litografía que le regaló su madre, cuando aún era una niña.
Capítulo VI: Las facturas municipales
No paraba de pensar en Libertad y en cómo lo estaría pasando, tras la marcha de Luis. Es por ello que me propuse esa mañana acompañarla para desayunar. Mas previamente pasaría por el bar municipal a por churros y porras, que de seguro a ella le encantarían. Manuel limpiaba la barra vacía. Cuando de repente se soltó a hablar: “Estoy harto Pedrín, de tanta hipocresía. Si esto sigue así, yo también dentro de poco cerraré. Te acuerdas de Miguel, el del taller de enfrente. Al igual que hizo con Luis, Golfi lo ha vetado. Y cómo siempre todos sus órdenes se han tragado. Por lo que en breve nos abandonará. Avocado a buscar en otro sitio su sustento”
Capítulo V: Una economía con pies de barro
Luis nos dijo adiós ese mismo domingo. Quedando Matahambre tras su marcha cada vez más triste, vacío y frío. Ya en el coche, mientras nos dirigíamos hacia la casa de mi padre, pues esa noche teníamos cena familiar, Libertad irrumpió a llorar desconsoladamente. El olor de las migas llegaba hasta la puerta. Durante gran parte de la velada nos limitamos a contemplarlas cabizbajos, atados con los lazos de nuestros profundos pensamientos a las sillas. Y fue mi tío Juan, quien se aventuró a romper el hielo. Conversando al respecto de la situación de la economía nacional.
Capítulo IV: El pueblo lentamente se quedaba vacío
La próxima semana Luis, mi eterno amigo, partirá de Matahambre, dejando en el pueblo a sus familiares y seres más queridos. Estudió Empresariales y recién salido de la Universidad, montó su pequeño negocio en la calle principal: “Gestoría la Verdad”. Libertad es la hija de mi tío Juan, el abogado jubilado del Estado. Es concejal. La novia de Luis desde que eran niños. Perteneciente a esa especie de políticos idealistas que anhelan las cosas arreglar y que tarde o temprano acaban enormemente decepcionados, arruinados y apartados. Desilusionados de un sistema que fomenta intensamente la mediocridad.
Capítulo III: Moción de censura en Benidorm
Noche tras noche esperaba ansioso a que regresara de pastorear, para que le leyese las noticias aparecidas durante el día en los diferentes medios. Y es que mi padre pertenece a una época ya pasada. Curtido por los miedos de la infancia, la hambruna de la guerra, por los odios fraticidas de una España dividida,… Sí, como tantos otros coetáneos de su mismo periodo, no sabe leer ni escribir. Y allí frente a la chimenea charlamos durante horas. Debatiendo intensamente sobre la hipotética moción de censura planteada en Benidorm.
Capítulo II: Una más de caciques
Una crisis galopante. Destrucción de empleo sin parangón. El déficit corroe lentamente las arcas institucionales. Y las mentiras no paran de proliferar. Y es que aquella frase que esgrimían durante la Restauración los caciques locales, tal vez no diste demasiado de la época actual: “para los enemigos la ley, para los amigos el favor”. Me llamo Pedro Gutiérrez. Soy un joven pastor de ovejas. Y el lugar donde resido recibe el nombre de Matahambre, si bien, paradójicamente, aquí nadie mata el hambre.
Las peligrosas consecuencias del excesivo intervencionismo
El último debate en el Congreso de los Diputados, el pasado miércoles 9 de Septiembre, me hizo recordar un artículo que publiqué en www.articulandia.com, el 18 de Noviembre de 2008, y que creo que aún hoy lamentablemente continúa siendo de plena actualidad. No resultando demasiado alentador que en tanto tiempo poco haya cambiado. Titulado: “Las peligrosas consecuencias del excesivo intervencionismo”.
Más allá del horizonte
La lluvia caía lentamente sobre la tierra del poblado, llevando hasta nuestros oídos la suave melodía que originaba al tocar las múltiples cacerolas repartidas alrededor de las cabañas de adobe. Era uno de esos pocos momentos donde nos embriagaba un halo de felicidad al pensar que, al menos durante cierto tiempo, podríamos saciar nuestra sed.
Vivíamos […]


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