Capítulo LI: La dimisión de Adolfo Suárez

Ibiza Melián 4 Agosto 2010 1

Adolfo Suárez

(Adolfo Suárez)

Una vez aprobada la Constitución Española de 1978 se disuelven las Cortes y se convocan elecciones generales para el 1 de Marzo de 1979. Proclamándose la UCD como fuerza más votada, aunque sin mayoría absoluta, haciéndose con 168 escaños de los 350 que componen el Congreso. El PSOE lograría 121, el PCE 23 y la formación liderada por Fraga, Coalición Democrática, 9, donde estaba integrada la originaria Alianza Popular que desembocaría en 1989, luego de su refundación, en el vigente Partido Popular. El resto se repartirían fundamentalmente entre formaciones regionalistas. Iniciándose a partir de ahí el vía-crucis de Adolfo Suárez.

En el discurso de investidura del viernes 30 de Marzo de 1979, el Presidente anunciaría el fin de la etapa del consenso y el camino hacia la consolidación de la democracia, donde se desarrollaran plenamente la tan necesaria labor ejecutiva del gobierno, como la fiscalizadora de la oposición. Destacando, por su trascendencia, el siguiente pasaje, donde expuso clarividentemente los peligros que nos acechaban: “Creo que es impropio decir que, ganada ya la libertad, es preciso plantearse nuevos objetivos. La libertad nunca se alcanza plenamente. Es preciso afianzarla, promoverla y extenderla a nuevas parcelas, y así como hay quien teme y recela que son posibles retrocesos de la libertad porque siempre están predispuestos a confundir el ejercicio de la autoridad con el retorno del autoritarismo, algunos pensamos que frente a la tentación dirigista en áreas impropias de la correcta formulación de una sociedad libre, frente a la abdicación de la capacidad de autodefensa de la sociedad en áreas de un paternalismo providente que considera al pueblo en perpetua situación de minoría de edad, se requiere la potenciación de la capacidad auto-organizativa de los entes sociales, la transferencia de funciones, la descentralización de competencias y el ejercicio pluralista del poder y de la responsabilidad. Y a todo ello, lógicamente, hay que aplicar la necesaria atención en la próxima etapa, no sólo, para cerrar o erradicar situaciones anacrónicas, sino para evitar desviaciones que habría que lamentar.” Vaticinios que en cierta medida se manifestarían posteriormente a través del gradual aumento del ansia intervencionista gubernamental, lejos de los parámetros exigidos para la moderna gobernanza. Concepto donde la garantización de la cohesión social no sólo depende de la gestión gubernamental nacional, sino de su capacidad de coordinación con entidades públicas y privadas, estatales y transestatales. Obligando a los dirigentes de cada Estado a compartir su autoridad dentro de las propias fronteras con otros estamentos, en materias tales como: inmigración, seguridad, economía, medio ambiente,…

No obstante, la jornada estuvo precedida por una controvertida interpretación del artículo 99 de la Constitución Española, el cual recoge en su apartado segundo: “El candidato propuesto (…) expondrá ante el Congreso de los Diputados el programa político del Gobierno que pretenda formar y solicitará la confianza de la Cámara.” Pues se pretendió ratificar en el cargo a Adolfo Suárez antes de que diera a conocer en el Congreso su programa, lo que provocó una enorme algarada entre sus señorías, al estimar que se trataba de omitir el debate. Obteniendo finalmente el apoyo para su investidura de: los 168 diputados de su partido, los nueve de Fraga, los cinco del Partido Andalucista, uno del navarro y otro del aragonés. Absteniéndose los ocho parlamentarios de Convergencia i Unió (CIU).

El 3 Abril de ese mismo año tendrían lugar los comicios municipales, los primeros de la democracia. UCD consiguió 29.000 concejales. Si bien los socialistas solamente lograron 12.000, gracias a los acuerdos suscritos con los comunistas, que sacaron 3.600 actas edilicias, se hicieron con importantes cotas de poder en las principales ciudades españolas. Y reseñable fue la alcaldía de Madrid, al frente de la cual se situaría el profesor Enrique Tierno Galván, fundador del Partido Socialista Popular (PSP) integrado en el PSOE en Abril de 1978. Y donde militara igualmente, entre otros conocidos políticos, José Bono, Presidente de Castilla la Mancha (1983-2004), Ministro de Defensa (2004-2006) y Presidente del Congreso de los Diputados desde 2008. Enrique Tierno Galván se mantendría como máximo regidor madrileño desde ese instante hasta su fallecimiento en 1986.

Estatua de Enrique Tierno Galván en Madrid

(Estatua de Enrique Tierno Galván en Madrid)


Además del fuerte recrudecimiento del terrorismo, 1980 se convertiría en el año más sangriento de la historia de la banda terrorista ETA, saldándose con 124 víctimas; el gobierno tendría que lidiar con el agravamiento de la crisis económica; y con las demandas autonómicas. Acrecentándose la conflictividad de la cuestión autonómica en comunidades donde hasta ese momento tal punto no se mostraba prioritario, pero que se irá posicionando en un marcado nivel reivindicatorio.

Ahora bien, los mayores pesares para Suárez provendrían de su propia organización. La Unión de Centro Democrático (UCD), que aparecería en 1977 bajo la fórmula de coalición electoral, transformándose en partido político el 4 de Agosto de 1977. Compuesta por democristianos, liberales, socialdemócratas, así como otras figuras independientes. Comienza a irrumpir una idea a propuesta, al parecer, de los democristianos, la mayoría natural, que pasaba por la unión con el partido de Fraga. Así como las disensiones de este sector con los socialdemócratas, a tenor de dispares posturas políticas, como ocurrió, por ejemplo, en lo tocante a la polémica ley del divorcio.

La conformación del gabinete inicial pretendía aunar a las distintas facciones. Erigiéndose un gobierno, con predominio del vicepresidente y amigo de Suárez, Fernando Abril Martorell. En Febrero de 1980 los barones de UCD se revelan contra él en una Comisión Permanente del partido, y elevan sus quejas a Suárez, provocando finalmente su salida. El 2 de Mayo se renueva el ejecutivo, sin inclusión ya de socialdemócratas. Lo que es aprovechado por los socialistas para presentar una moción de censura, que no prosperaría, pero que dañaría irreversiblemente la imagen del Presidente y contribuiría a minar su moral. Atribuyéndosele en aquel entonces su célebre reflexión: “He perdido la batalla en la calle, he perdido la batalla en la prensa y ahora he perdido la batalla en mi propio partido.” Situándose el PSOE, desde las encuestas del verano, por delante de la UCD en intención de voto. Aumentando sustancialmente Felipe González su proyección ante los ciudadanos, que comenzaban a verlo como una seria alternativa.

Para Octubre los democristianos insistirían en su propósito de caminar hacia una mayoría natural y harían prevalecer su hegemonía en el Congreso. Resultando elegido, como portavoz del grupo parlamentario de UCD, Herrero de Miñón. Derrotando al candidato oficialista, Santiago Rodríguez Miranda, quien tendría sólo 45 votos. Lo que significaba la perdida de autoridad del Presidente dentro de la organización, extremo que reconocería años más tarde de esta manera: “Fue un varapalo absoluto, una prueba clara de que mi autoridad como presidente del partido había sufrido una grave erosión. Ni siquiera me fueron comunicados los acuerdos alcanzados por algunos dirigentes del partido la noche anterior.” En Diciembre los democristianos firmarían un manifiesto en el que exigirían la “necesidad de reequilibrar el partido”. Turbulento contexto al que se sumaría el artículo, con inclinaciones golpistas, editado el 17 de Diciembre en el diario “El Alcázar”  y titulado: “Análisis político del momento militar”. Rubricado por un grupo de militares y civiles bajo el apelativo de “Almendros”.

Frente a esta asfixiante situación Suárez concebirá como única salida la dimisión, que hará pública el jueves 29 de Enero de 1981, mediante una intervención en TVE, en horario de máxima audiencia. Alocución entre la que sobresalen los ulteriores fragmentos que vislumbran su tormento:

“(…) Hay encrucijadas tanto en nuestra propia vida personal como en la historia de los pueblos en las que uno debe preguntarse, serena y objetivamente, si presta un mejor servicio a la colectividad permaneciendo en su puesto o renunciando a él. He llegado al convencimiento de que hoy, y, en las actuales circunstancias, mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia en la Presidencia. (…)

(…) Todo político ha de tener vocación de poder, voluntad de continuidad y de permanencia en el marco de unos principios.

Pero un político que además pretenda servir al Estado debe saber en qué momento el precio que el pueblo ha de pagar por su permanencia y su continuidad es superior al precio que siempre implica el cambio de la persona que encarna las mayores responsabilidades ejecutivas de la vida política de la nación. (…)

(…) He sufrido un importante desgaste durante mis casi cinco años de presidente. (…)

(…) Mi desgaste personal ha permitido articular un sistema de libertades, un nuevo modelo de convivencia social y un nuevo modelo de Estado. Creo, por tanto, que ha merecido la pena. Pero, como frecuentemente ocurre en la historia, la continuidad de una obra exige un cambio de personas y yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España. (…)”