Capítulo XXXVIII: El socialismo ha muerto

Ibiza Melián 19 Abril 2010 1

Karl Marx

 (Karl Marx)

“El socialismo ha muerto”, esta era la conclusión a la que llegaba Anthony Giddens a finales del siglo pasado. Uno de los más eminentes sociólogos ingleses, después de Jhon Maynard Keynes (1883-1946). Y es que los axiomas keinesianos, proclives al intervencionismo estatal mediante una fuerte política de inversiones públicas, al objeto de crear el pleno empleo, supliendo en parte la labor del mercado, regirían la gestión económica mundial durante largo tiempo. Concretamente desde los años treinta hasta la década de los ochenta. Momento en el que se verían desplazados, en prácticamente todo el mundo por el Liberalismo. Coincidiendo con el triunfo de los liberales tanto en Gran Bretaña, como en los Estados Unidos. Puesto que a la postre se ha demostrado el desmesurado inflacionismo que provocan las teorías keinesianas. Pensamiento explicado, de la manera más sencilla posible, por Margaret Thatcher, empleando el coherente criterio de una pragmática ama de casa: “la (…) filosofía del señor Keynes de gastar más de lo que se ingresa.”  

Giddens, Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en el año 2002,  es el autor ideológico de la “Tercera Vía”. Corriente auspiciada por los laboristas ingleses, bajo el liderato de Tony Blair, y los demócratas de Bill Clinton en Estados Unidos. Donde se propone un punto intermedio entre el liberalismo y la socialdemocracia, con la intención de articular una nueva ideología tras el fracaso del programa económico socialista, lo que se evidenció con la caída del muro de Berlín acontecida el 9 de Noviembre de 1989. Filosofía motivada por la creencia de Guiddens y Blair de que “la política no es nada sin ideales.” Definida por el ex Primer Ministro del Reino Unido del siguiente modo: “Es una Tercera vía porque está más allá de una vieja izquierda preocupada por el control estatal, los impuestos elevados y los intereses de los productores.”

(Adam Smith)

Y es que los preceptos marxistas se hilvanan desde una perspectiva económica, surgiendo con la única pretensión de transformar la sociedad burguesa de su época. Para ello el filósofo alemán de origen judío, Karl Marx (1818-1883) estudiaría la economía política inglesa de Adam Smith (1723-1790). El que fuera considerado el padre de la misma, quien aseveraba que el mercado competitivo era el mecanismo más eficiente de asignación de recursos. Eso sí, cuyos beneficios sólo se alcanzarían en una sociedad bien gobernada. Donde la clave del bienestar social radicaría en el crecimiento económico, que se potencia a través de la división del trabajo. Reclamando la mínima interferencia del Estado en la economía.

Ideario regido por tres leyes:

•    Ley de iniciativa: Es cuando tras detectar una necesidad en la sociedad, se brinda un servicio o se fabrica un producto con el objetivo de satisfacerla.

•    Ley de competencia: Después de que alguien tomara la primera iniciativa, otros comienzan a competir manufacturando lo mismo, u ofertando igual servicio.

•    Ley de mercado: Integrada por la oferta y la demanda. Si en el mercado hay más oferta que demanda, se genera un proceso de depuración aguantando el que tenga mejor relación: calidad/precio.


Marx abogaba por la supremacía del proletariado y el control del Estado por este. Sociedad en la que se expropiarían los medios de producción a los particulares, que pasarían a formar parte de la colectividad, recayendo en el gobierno la planificación de los recursos.

Siendo la agencia de planificación central la encargada de determinar: ¿qué producir?, ¿cómo hacerlo? y ¿para quién? Radicando aquí su primordial error, puesto que es imposible procesar la plenitud de datos existentes, al objeto de dictar una certera resolución. No existiendo nada más eficiente para coordinar la actividad económica que el propio mercado.

Conclusión a la que igualmente llegaría la extinta Unión Soviética, al poner en práctica el proceso radical de reforma económica denominado Perestroika. Disolviéndose en 1991 y renunciando el nuevo estado ruso a cualquier identificación con el marxismo. Luego de contemplar:

•    La desmedida burocracia surgida, en pro de canalizar la infinidad de información y controlar a las empresas estatales.

•    La aparición de un vasto mercado negro, que trataba de bordear la ingerencia de la agencia de planificación central.

•    La indisciplina financiera, desencadenada al no tenerse en cuenta la relación coste-beneficio, primándose exclusivamente el cumplir unos objetivos de cantidad. Con lo que los gestores solicitan cada vez mayores aportes monetarios para acometer el plan prefijado. No dándose quiebra alguna de las empresas, puesto que aunque deficitarias, sus directivos siempre esbozarán que su misión es trascendental o de “interés general”, ese vago término en el que todo cabe.

Defendiendo Karl Marx una única postura, llegando a decir que: “El significado de paz es la ausencia de oposición al socialismo.” Lo que será llevado a los extremos con la revolución rusa de Lenin, donde una élite revolucionaria, supeditada a una férrea disciplina de partido, acapararía el poder. Cuyas órdenes nunca podrían ser cuestionadas. Y que desencadenarían las sangrientas purgas de Stalin. Estado que debía gobernarse bajo un régimen de monopolio político, exclusiva forma, para ellos, de convertir a la sociedad burguesa en la “dictadura del proletariado”.

 Ernesto Che Guevara

(Ernesto Che Guevara)

 Un punto que todos perseguirán será crear el hombre nuevo, capaz de servir fielmente a la causa revolucionaria. Proceso meridianamente descrito por Ernesto Che Guevara en un artículo publicado el 12 de Marzo de 1965:

“(…) Para construir el comunismo (…) hay que hacer al hombre nuevo. (…)

(…) Es necesario el desarrollo de una conciencia en la que los valores adquieran categorías nuevas. La sociedad en su conjunto debe convertirse en una gigantesca escuela. (…)

(…) La educación directa (…) se ejerce a través del aparato educativo del Estado en función de la cultura general, técnica e ideológica, por medio de organismos tales como el Ministerio de Educación y el aparato de divulgación del partido. La educación prende en las masas y la nueva actitud preconizada tiende a convertirse en hábito; la masa la va haciendo suya y presiona a quienes no se han educado todavía. (…)

(…) En este periodo de construcción del socialismo podemos ver el hombre nuevo que va naciendo. (…)

(…) Es un proceso que requiere tiempo.

En nuestra sociedad, juegan un papel la juventud y el Partido.

Particularmente importante es la primera, por ser la arcilla maleable con que se puede construir al hombre nuevo sin ninguna de las taras anteriores. (…)

(…) La arcilla fundamental de nuestra obra es la juventud (…).”
Fragmentos en los que algunos atisban a concebir ciertos paralelismos con determinadas políticas implementadas recientemente en nuestro territorio patrio.

Karl Popper

 (Karl Popper)

 Y es que, como opinara el eminente filósofo liberal Karl Popper, los grandes males de la sociedad habitualmente no nacieron de seres malvados, ni malintencionados, sino que brotaron como resultado de las premisas planteadas por sujetos adscritos a los más nobles ideales. Quien negara tajantemente la posibilidad de un pensamiento único, manifestando: “el acuerdo del Occidente en torno a una sola idea, a una sola creencia, a una sola religión, sería el fin de Occidente, su capitulación, su rendimiento incondicional a la idea totalitaria.” Amparándose siempre en la tolerancia: “Creo que tenga razón, pero yo puedo estar equivocado y ser usted quien tenga la razón; en todo caso discutámoslo, pues de esta manera es más probable que nos acerquemos a una verdadera comprensión que si meramente insistimos los dos en tener la razón.”

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