Los necesarios reajustes en la política municipal

Ibiza Melián 20 julio 2009 1

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Leía recientemente un libro sobre los intentos de democratización en el Estado español desde el siglo XIX. Aparte de que las etapas constitucionales fueron cortas, comenzando y terminando abruptamente casi todas, apuntaba la obra que mediante el caciquismo, las oligarquías dominantes, se mantenían durante largos periodos en el poder. A través de diversos favores se ganaban paulatinamente las voluntades de los administrados. La institución elegida para desplegar estas prácticas era el Ayuntamiento, por ser la más cercana al ciudadano. Si en la base se adoptaba una amplia política clientelar, acceder al resto de Administraciones resultaba sumamente fácil.

Era desde luego un texto histórico, sin embargo, hizo que me replanteara sus similitudes con el sistema vigente.

Por ejemplo, a pesar de que la percepción por parte del [Enlace bloqueado por la Tasa española AEDE] sobre los Organismos Públicos empeora cada día, seguimos sin copiar las fórmulas que han obtenido estupendos resultados en otros países. En EEUU gracias a la figura del City Manager han logrado reducir la corrupción local en altos porcentajes. Mermando las atribuciones de los alcaldes en favor de un profesional cualificado. Estando suscrita la labor de los concejales electos únicamente al pleno, de donde dimanarían las líneas directrices que ejecutaría el City Manager.

Así eludiríamos esos supuestos tópicos de negocios abiertos sin poseer los preceptivos permisos. Ni escucharíamos esas leyendas que presuntamente esbozan determinados empresarios, con el argumento de que como soy amigo del alcalde no tendré problema. Que digo yo, que seguro que son inventos, pero un verdadero amigo es el que quiere lo mejor para ti. Lo lógico sería exigirte tener todo legal, y si mañana él no ostenta el bastón de mando no te encontrarás con impedimento alguno para continuar con tu actividad empresarial. O si no se puede, comunicártelo desde el primer momento, evitándote gastos inútiles. Lo contrario suena más bien a un mecanismo ideado para mantenerte cautivo, ya que por mero egoísmo personal estarás abocado a votarle a ese candidato del que depende tu sustento.


¿Por qué se permite el día de las elecciones traer preparado el sobre con el voto y no se obliga a los votantes a recogerlo en la cabina? Es probable que mi imaginación sea exagerada, no obstante, me alberga la duda de: ¿si a los cargos de confianza contratados o la plantilla laboral de la corporación les entregase previamente la papeleta la persona a la que está supeditado su puesto, es decir, el primer edil o bien un acólito enviado por él acompañándolo casi hasta la urna, si esto ocurriese, que no digo yo que sea así, su decisión sería libre?

Se sobreentiende que los cargos de confianza son aquellos directores de departamentos que desarrollarán el programa del grupo de gobierno. Con lo cual estas vacantes se cuentan con los dedos de una mano. ¿Por qué entonces el volumen de los empleados bajo este concepto contempla cualquier labor por simple que sea?

Resulta incomprensible igualmente como estando todos los partidos en contra del transfuguismo, no se legisla sobre ello. Y se abandonan esos pactos sin valor normativo que al final todo el mundo se salta.

Menos razonable es no dejar que gobierne la lista más votada. Tal vez lo ideal incluso serían unos comicios a doble vuelta. Lo que otorgaría estabilidad institucional. Erradicando con ello, como desgraciadamente acontece ahora, que en una misma legislatura se cambie de máximo regidor en repetidas ocasiones. Presentándose inalcanzable por consiguiente una gestión eficaz.

Antes como todo iba de maravilla, gracias al dinero mayoritariamente proveniente de la construcción, que posibilitaba difundir con cargo al erario público una impresionante campaña mediática de las cuestionables bondades realizadas, utilizando eficientes voceros asalariados, estos males no se notaban tanto. Pero ahora que ya ciertos Ayuntamientos afirman encontrarse en la banca rota, ¿proseguiremos admitiendo pasivamente estas situaciones sin decir nada? ¿O nuestra respuesta simplemente será aceptar que suban los impuestos para engordar más el aparato gubernamental, que en estos momentos se lleva la escandalosa cifra del 50% del PIB español?