¿Por qué representas a alguien?

Marta 8 Septiembre 2014 0

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Tanto en la escuela como en el instituto o la universidad, cada año suele escogerse un representante que hable en nombre de toda la clase. Es lo más parecido a un abogado que tenemos ante problemas, quejas, propuestas o reclamaciones. Muchas de esas personas acaban cursando un grado de derecho o bien un máster en abogacía, pues este tipo de situaciones y elecciones no son casuales, y sirven para determinar la visión que otros tienen de una persona. ¿Has sido alguna vez el representante formal o informal de tu clase o grupo de trabajo?

No te eliges, te eligen

“Esta es la premisa sobre la que se erige un representante, la meritocracia”

Estos líderes de grupos de personas o proyectos surgen de forma natural, muchas veces sin ser conscientes de ello. Un día hay una votación para escoger un representante, por ejemplo en la clase de un colegio, y resulta que en ese momento se están escogiendo unos valores y una personalidad y no un amigo, conocido o persona en concreto.

A altos niveles, estas decisiones están empañadas por los intereses, negocios o favores, pero cuando este sistema de votaciones para la representación es natural y sincero, sirve para comprender qué valores busca la comunidad en cuestión, y quién los representa en mayor medida.

Representar alguien o algo es una forma de ser

Por todos estos motivos, un representante es de alguna forma un abogado defensor de la causa, personas o proyecto en cuestión. La voz de una o varias personas que defienden uno o varios asuntos.

Este es el principal motivo por el que representar algo o alguien no es otra cosa que una forma de ser. Y es que se pueden recoger los valores y principios que la comunidad cree que deben ser los que abanderen una causa, pero en el representante debe existir a la vez la voluntad activa e innata de liderarlos.

De nada sirve ser escogido por alguien si la finalidad no se comparte o el peso de la responsabilidad no es algo que valga la pena asumir para según qué motivos.

La meritocracia que introducíamos al principio del artículo es una parte esencial en un buen representante o líder, pero más allá está la voluntad de querer serlo.

¿Cuántos líderes silenciosos no conocemos por ser reservado o tener unos objetivos distintos a los que la comunidad cree?