La verdad absoluta no existe

Ibiza Melián 2 febrero 2009 4

SOS 

s.o.s (www.bigfoto.com)

A veces tenemos la sensación de que cada día leemos el mismo periódico, aunque el encabezado indique una fecha bien distinta. Incluso que las noticias relatadas por los presentadores en los diferentes informativos emitidos por la televisión, se repiten jornada tras jornada sin variación alguna. Acertando a percibir la distinción real únicamente ante la disparidad en la vestimenta usada por el locutor.   

Que si tal o cual empresa, ha quebrado, poniendo en la calle a cientos de trabajadores. Que el desempleo aumenta al mismo ritmo que el índice de morosidad. Acusaciones varias entre gobierno y oposición. Unos señalan a otros lo que deben hacer, no obstante ninguno emprende la acción esperada. Rumores sobre los indicios de que cierta Administración Autonómica autorizó la compra de simples sillas con un coste superior a mil euros la unidad.

Los jueces reclaman perentorias correcciones en el procedimiento jurisdiccional, en pro de evitar un colapso del mismo. Anuncian ir a la huelga y desde el Ministerio responden, al parecer, con un  amago de prohibición de la misma. Añadiéndose más leña al fuego si cabe, gracias a reproches y acusaciones de empresarios y políticos en desacuerdo por concretas actuaciones policiales.


Desencadenando ello en una acentuación del escepticismo de la sociedad en el sistema. Otorgando la población, progresivamente, una peor valoración al poder judicial, ejecutivo y legislativo. Y sorpresivamente dando una mejor estimación a la monarquía y al ejército.

Desde Suiza los principales mandatarios económicos avisan de que de seguir así, se propagarán inevitables revueltas sociales, conjuntamente con el incremento de nacionalismos y xenofobias. En Europa proliferan los paros laborales que escenifican la censura a la contratación de empresas foráneas. Además del agravio generalizado de los residentes por la involucración de sus dirigentes nacionales en la ayuda a terceros países, en contraposición con la nula sensibilidad por la problemática estatal.

Pudiéndose leer en la red comentarios nacidos del odio y la intolerancia. Fieles a la premisa: “conmigo o contra mí”. En muchos casos ya no se opina de la idoneidad o inexactitud de una acción política, sino que directamente se pasa al insulto y la descalificación, primando la alusión personal.

Un contexto que nada tiene que ver con el debate y la argumentación, con el libre planteamiento de ideas. Propio de una sociedad abierta como la vigente. Que debe ser consciente de la inexistencia de verdades absolutas. Que ha de promulgar la pluralidad de pensamientos. Lo que nos enriquece y permite desarrollarnos individual y colectivamente.

Tal vez la raíz de este mal que nos azota, radique en que nos creemos el ombligo del mundo. Y somos un simple grano de arena, que el viento se encarga de disipar con el tiempo, diluyéndolo en el espacio global.